NI BUENOS NI SOLIDARIOS
Escribe Nicolas Simone
Y mucho menos generosos, respetuosos, cariñosos, reconocidos a la dama que nos dio la vida. Los caballeros de esta generación, que en parte han aprendido los deberes familiares y colaboran, aún deben dar algunos pasos más.
Por eso, quizás, el feminismo (o las féminas), en manifestación desafiante con ínfulas de superar la pandemia, salió(o salieron) a las calles, despavorido (o despavoridas).
El patriarcado ignorante – que fue superado hace siglos de historia – encuentra ahora atributos y méritos en las damas. Éstas se han posicionado en el planeta mucho antes que Juana de Arco se inmolara.
Si las bisabuelas (para no ir más lejos), las abuelas, las madres, las esposas, las hijas, las nietas mostraran sus hermosos ojos, seguirían acariciando las cabezas de generaciones anteriores y las subsiguientes, sin pedir prerrogativas, sino dando siempre vida, que es la más noble de las funciones.
Quien no acepta a la dama (mujer, es un término fuerte, segregador y despectivo), desconoce el amor, la consideración y el respeto como fundamentos de la sociedad humana.
Procrear – en cambio – no es despectivo, es la continuidad de la vida, de la familia como base ineludible de todo intento.
Procrear es pedir tiempo para dedicar a la naciente esperanza, no es pedir descanso ni pasar la carga a otros hombros. No nos llamemos a engaño. La dama que sufre desde el parto hasta la alimentación estricta de la infancia, la niñez, la juventud, la adultez (no nos abandona nunca), es la misma dama que hoy pide quizás alterada, desmañada, la consideración y el lugar en un mundo reacio, paternalista y mercantilizado.
Pero sus sentimientos no son valores en venta. Son los valores de la vida. Son los valores de la familia que se vive intensa e interiormente, sin abanicar banderas, ni estereotipos. En el silencio de la mesa común, frente a la humeante bandeja de la alimentación familiar, descubrimos sus ojos pidiendo justicia y quizás, más de una lágrima reprimida con la energía de un espíritu noble e indomeñable.
Seremos capaces de esa justicia silenciosa pero potente, que reclama a esta sociedad dura y envejecida ?
El cerebro de la dama, tan capaz e inteligente como el mejor, acaparó lugares y decisiones de un peso y valor inconmensurable. Reconozcámoslo de una buena vez.
No esperemos más, no empujemos a otras manifestaciones desafiantes, ahora que estamos inmersos en un periodo peligroso de la historia sanitaria. Justicia, solo justicia, es su reclamo.
