junio 24, 2026
Master Escribe Fuentes

En este tiempo que nos toca vivir hay realidades impensadas algunas décadas atrás. Una de ellas es la relativa a la globalización. Lo que ocurre en las regiones más remotas, prácticamente en simultáneo llega a nuestro conocimiento. Hechos, descubrimientos, fenómenos climáticos, todo se sabe. Más aún, lo que sucede muchas veces no queda limitado a la región donde se registró, sino que su influencia llega a otras partes del mundo.

Existe una interdependencia tal que ya no es posible que cada país, por poderoso que sea, pueda quedar al margen de algunas consecuencias más o menos importantes de lo que pasa más allá de sus límites territoriales. Las fronteras no son vallas impermeables. Por algo, pongamos como ejemplo, los operadores financieros están pendientes de lo que ocurre en las economías de otros países y en los altibajos de sus bolsas de valores.

En otro orden, una nueva modalidad delictiva practicada en una región por más alejada que sea, no tardará mucho tiempo en ser usada en otras. Lo opuesto: un descubrimiento científico capaz de mejorar la calidad de vida de las personas, pronto es aplicado en el resto del mundo. Por cierto que se podría mencionar muchos otros ejemplos, pero alcanza para mostrar de qué forma la globalización afecta, para bien o para mal a todos los países. También opera en relación con las epidemias, y en particular con el Covid 19.

Como se sabe el virus surgió en una apartada región de la lejana China. Esto parecía tan distante que llevó afirmar al Sub Secretario del Ministerio de Salud Pública del anterior gobierno que ello no representaba riesgo para nuestro país dada la distancia. Incluso Uruguay donó a China material médico para colaborar con ese poderoso país en su lucha contra lo que en aquel tiempo era una epidemia localizada.

No se tuvo en cuenta el hecho que si algo afecta seriamente a un país, más pronto que tarde afectará a otros, y que las distancias ya no son obstáculo para impedirlo. Por otra parte de nada sirve a un país alcanzar el éxito en su combate al virus y a sus mutaciones, si en alguna parte del mundo sigue haciendo estragos en la población. Así como es un drama global, la solución también tiene que ser global. Mientras exista en alguna parte, la humanidad no estará libre de él.

Por eso, además de egoísta, resultó inútil, el afán de algunos países desarrollados de intentar hacerse de la mayor cantidad posible de vacunas para atender a su población, en perjuicio de otros con menos poderío económico. Ningún país por evolucionado, rico o influyente que sea, se salva solo. Por eso me pareció que fue oportuna e inteligente la decisión del Presidente norteamericano de donar millones de dosis de vacunas entre otros, a los países latinoamericanos.

Seguramente tomó en cuenta, elementos geopolíticos, y además las dificultades notorias de algunas naciones de la región, y la propia necesidad de su país. Me parece muy claro que la vía para superar esta pandemia pasa sobre todo por la vacunación. Los números son la mejor prueba. En Uruguay se advierte muy nítidamente que la tendencia a la baja de afectados, internados en el CTI y fallecidos coincide con el tiempo en que comienzan a hacer efecto las vacunas. Pero a nivel mundial ello se aprecia con mayor elocuencia aún. He aquí un efecto beneficioso de la globalización.

La ciencia logró en varios lugares y en tiempos records crear vacunas eficaces. Una vez más el conocimiento brindó un aporte fundamental al servicio de la humanidad. Gracias a esto se ganaron algunas batallas, pero la guerra no está terminada y habrá que mantener la guardia alta. De todos modos lo importante es que se ha encontrado el camino. Así como lo interconectado que está el mundo nos trajo la pandemia, también no posibilita superarla.