UNA PRUEBA, UNA OPORTUNIDAD:
LAS FINALES
En los próximos días de la mano del futbol, Uruguay vivirá la experiencia inédita de ser sede de tres finales de copas internacionales. La Copa Libertadores, la Copa Sudamericana y la Copa Libertadores femenina.
Es una prueba porque se prevé la llegada de alrededor de 60.000 aficionados, fundamentalmente brasileños, así como también centenares de periodistas y dirigentes. Ello implica todo un desafío en materia organizativa, de controles en los ingresos, de seguridad para visitantes y para residentes. Es preciso tomar en consideración que el fútbol genera pasiones que frecuentemente se desbordan por lo que será necesario reforzar todas las medidas preventivas que sea preciso adoptar porque serán miles de partidarios de cada uno de los equipos, sobre todo de la final por la Libertadores masculina. Medidas que deben extenderse a la protección de los visitantes para evitar que sean víctimas de delincuentes siempre dispuestos a aprovechar cuanta oportunidad se les presenta. Estos acontecimientos futbolísticos tienen todos los ingredientes para sea una fiesta. De todos depende que así sea.
No son arribos graduales, sino que es un verdadero aluvión por vía terrestre y aérea. Ya desde hace algún tiempo se está trabajando para estar a la altura de este desafío. Es la primera vez que en un país se disputan estas finales y además con pocos días de diferencia. Seguramente de lo que ocurra, los gobiernos de otros países y las autoridades del fútbol sudamericano tomarán nota para futuros eventos. Es un motivo de legítimo orgullo que desde el exterior se vea que Uruguay tiene la capacidad y las condiciones para albergar estos acontecimientos. Porque no sólo será de interés para los ambientes deportivos sino también para la opinión pública internacional, porque su importancia trasciende lo meramente futbolístico. Millones de personas estarán pendientes y no sólo de lo que suceda en el Estadio Centenario; será una vidriera del país todo.
En este caso existe indudablemente una gran responsabilidad de nuestras autoridades nacionales y departamentales pero no exclusiva de ellos porque también la actividad privada tiene que dar la talla. La hotelería, los restaurantes, los transportistas, entre otros, tienen la ocasión para obtener ingresos que compensen los malos resultados consecuencia de la pandemia. Pero a su vez deben ofrecer servicios de calidad que estén a la altura de las exigencias de los visitantes y con precios razonables. Un visitante bien atendido, siempre estará más proclive a volver que aquel que no vio colmadas sus expectativas. Cuidar el cliente para no perderlo en el futuro y para que hable bien de la forma en que fue atendido es una de las reglas básicas de todo emprendimiento comercial.
Del esfuerzo, de la capacidad y de la responsabilidad de todos depende que el país salga bien parado. En un lapso de pocos días nos jugamos mucho.
De lo q ue antecede surge claro que además de una prueba para todos nosotros, es también una gran oportunidad para el país.
Se generarán miles de horas de trabajo, muchas empresas incrementarán fuertemente su facturación. No será pocos los que llegan a nuestro país por primera vez, hagamos todo lo necesario para que no sea la última. Además de las bellezas naturales siempre atractivas para el turismo internacional y la natural sencillez de nuestra gente, si agregamos seguridad, y servicios de calidad habremos dado testimonio a miles de visitantes y a millones de televidentes que supimos cumplir.
Estas finales importan por sí mismas, pero más importan por la imagen que los uruguayos trasmitamos al mundo.
