mayo 2, 2026

La Estancia de Los Jesuitas “Entre Pando y Solís”

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Estancia «San Ignacio», « Estancia de Pando» o «Estancia entre Pando y Solís Chico»

Por Daniel Mesa. Esta noticia histórica tiene por finalidad, siguiendo a Carlos Ferrés, en forma más que breve, ubicar la Estancia de San Miguel, propiedad de los Jesuitas con frente al arroyo Solís Chico y con fondos hacia el arroyo Pando.

Esta estancia no corresponde al ciclo de adjudicaciones del Capitán Millán, son posteriores a él. Fue adjudicada al Teniente Gómez y los Jesuitas la adquirieron.

Sobre las estancias de los Jesuitas en “Montevideo”, debemos leer también –entre otros- a los investigadores, Sala, Rodríguez y de la Torre, citados por Reyes Abadie y Andrés Vázquez Romero (1), quienes afirman que «Obtuvieron por concesión un campo -destinado a calera- sobre el arroyo de los Segundos Canelones, el Santa Lucía y el Tala; una estancia entre el Santa Lucía Grande y Chico. Compras y donaciones posteriores les permitieron aumentar rápidamente su caudal. Domingo Santos de Uriarte, comandante militar de Montevideo, les hizo un legado por valor de 10.000 pesos, especialmente en ganados. La estancia «Nuestra Señora de los Desamparados», que tuvo como casco la merced inicial entre los dos Santa Lucía, se extendió por compra y por ocupación, hasta Illescas. Poseyeron además dos suertes de estancias en la rinconada de Chamizo; la estancia San Ignacio – de media legua de frente al arroyo Solís Chico y una y media de fondo hacia el arroyo Pando-; una suerte en el primer Canelón -chacra de San José-; la de Jesús María – en la margen derecha del Miguelete entre este arroyo y el actual Pantanoso-; dos suertes de estancias en San Gabriel, y otra -en la barra del Santa Lucía- lindando con la estancia del Rey. Fuera de la jurisdicción poseyeron en la zona de Colonia, las Estancia de Las Vacas o de La Calera, que usufructuaban desde 1738. En Soriano contaban con la estancia de La Virgen, ubicada entre el Bizcocho y el San Salvador»

En cuanto a la «Estancia de San Ignacio» según Carlos Ferrés (2), no la compraron los Jesuitas porque tuviesen intereses ella, sino como medio de asegurar la adquisición de la esquina de Rincón e Ituzaingó, donde establecieron su residencia. Se recordará que esa esquina era de propiedad del Teniente José Gómez; lo era, asimismo, según se verá, la «Chacra de la Barra de Santa Lucía», y también de la Estancia de San Ignacio. Deseoso el Teniente Gómez de salir de Montevideo, buscaba comprador para todos sus bienes y halló a los Jesuitas a quienes, por poseer la esquina, adquirieron lo demás. La Escritura se celebró el 18 de diciembre de 1749.

Sigue explicando Ferrés (3) que la «Estancia de San Ignacio se llamaba Estancia de Pando, pero esto no con mucha precisión. Se le decía igualmente la Estancia entre Pando y Solís Chico, y por su ubicación así se le debió denominar. Según el vendedor, tenía el campo media legua de frente al arroyo Solís Chico y una media de fondo corriendo éste hacia el arroyo de Pando»

En cuanto al interés que tenían los Jesuitas en la explotación de esta estancia dice Ferrés (4) que «… tampoco tuvieron los Jesuitas interés en la explotación de esta estancia: ponían toda su atención en la de «Nuestra Señora de los Desamparados». Prueba de lo que digo es que en 1767 hacía ya tres años que no se quemaba el ganado, esto es, que no se le ponía marca. Propagadas las yeguadas de la estancia, el sistema de vida de los grandes trozos de yegüerizos, con sus continuas disparadas y alborotos, sacaban al establecimiento de las condiciones de tranquilidad y quietud que hacen posible la permanencia y el aumento de los

ganados vacunos. Estos, por la fuerza de las cosas, habían de buscar las rinconadas mas sosegadas, dejando el campo de San Ignacio para la yeguadas y potradas, que daban característica de esta estancia en época de mi relación…»

Sobre el cálculo de animales en la estancia por el padre Jesuita Plantich que había estipulado que tenía 1500 reses, dice Ferrés (5) que; «… no tuvo en cuenta que, diseminados los ganados orejanos en los campos de los vecinos, recibirían la marca ajena desde el momento en que no siguieran a la madre, por lo cual el rodeo de la hacienda de los Jesuitas tendría forzosamente que disminuir. A esta razón se agregarían las de la mortandad del ganado viejo, las faenas de corambres que se harían en animales de ellos, pero de marca dudosa o confusa, y los robos no interrumpidos a que estaban expuestos por parte de los indios Tapes los ganados de las estancias de la jurisdicción de Montevideo…».

La estancia al momento de ser ocupada por las autoridades con motivo de la expulsión de los Jesuitas tenía para su funcionamiento, ranchos y corrales, vacunos, lanares, caballares y yegüerizos. Estaba habitada por indios conchabados y estaba a cargo de un Capataz Negro, seguramente con familia.

El 8 de Julio el Teniente Bernardo Cermeño, con un sargento y diez soldados se presentó en la “Estancia de Pando” se limitó a formar inventario por los datos que le suministró el encargado de la estancia, un capataz negro que le manifestó que habían 2.000 vacas, 500 crías, 100 novillos, 210 toros, 8 bueyes, 80 caballos, 30 yeguas mansas, 20 potros con marca, 4.500 yeguas de rodeo, 2000 potros, 20 mulas herradas, 20 sin herrar, 36 borricos, 52 burras, 2 pastores caballares, 5.000 ovejas y carneros y alguna cosa más (6)

Afirma Ferrés que nada más extraño que sólo aparecieran pequeños lotes de los animales mencionados

La estancia será adquirida a la Junta de Temporalidades por Francisco García de Zúñiga y este a su vez se la venderá a don Luis A Gutiérrez el 15 de noviembre de 1805.

Sobre los límites de la Estancia dice Ferrés que «… Un croquis que encuentro en un expediente de la Escribanía de Gobierno y Hacienda, (1810), y cuya copia adjunto, nos da la situación de la Estancia de San Ignacio. Su frente sobre el arroyo Solís chico, coincidiendo su punto más Sur con las proximidades del Paso real que corresponde al camino a Maldonado. Por el costado Sur tenía en parte, como frente este camino. Sin embargo…. (hace referencia a la venta de Zúñiga a Gutiérrez) se designa dicho camino como límite en todo el frente Sur. Por el Sur -dice la escritura- con tierras del mismo comprador, camino real que va a Maldonado por medio.»

(1) Reyes Abadie y Andrés Vázquez Romero “Crónica General del Uruguay” pág. 487.

(2) Ferrés Carlos “Época Colonial” La Compañía de Jesús en Montevideo, Colección Clásicos Uruguayos, Volumen 147.

(3) Ferrés Carlos “Época Colonial” La Compañía de Jesús en Montevideo, Colección Clásicos Uruguayos, Volumen 147.

(4) Ferrés Carlos “Época Colonial” La Compañía de Jesús en Montevideo, Colección Clásicos Uruguayos, Volumen 147.

(5) Ferrés Carlos “Época Colonial” La Compañía de Jesús en Montevideo, Colección Clásicos Uruguayos, Volumen 147.

(6) Ferrés Carlos “Época Colonial” La Compañía de Jesús en Montevideo, Colección Clásicos Uruguayos, Volumen 147 pág. 279- Archivo Gral. Administrativo Caja 14, carpeta 8ª. Documento 1º

La expulsión de los Jesuitas (1767)

Para referirnos brevemente a la Compañía de Jesús, será necesario ubicarnos en el contexto religioso existente en la época, y trazar una proyección del tema que permita comprender lo sucedido.

Pablo Banco Acevedo (1) dice que «Los siglos XVII y XVIII señalan para la metrópoli hispana el apogeo de los sentimientos religiosos. Una suprema necesidad: la unidad del Reino amenazada en su desintegración por desarrollo de la ideas de heterodoxos y judaizantes, producidas por las doctrinas filosóficas que cundían en Europa a consecuencia de la Reforma dieron fundamento a la implantación vigorosa del Tribunal del Santo Oficio y a la organización férrea y absoluta de la Compañía de Jesús»

Luego del advenimiento de Carlos III, que entra en España con su séquito de políticos y Ministros Napolitanos «trae cambios y se aplica una política de modernización».

No podemos entrar en detalles de todo lo que significaron los jesuitas para toda la jurisdicción montevideana desde el punto de vista militar, educativo, industrial, agrario y religioso, pero ellos serán los que enseñarán a utilizar un arado sin hierro aprovechando la madera dura del monte, enseñaran a trabajar la cal y fabricar tejas, enseñarán las primeras letras a los niños, tendrán una gran biblioteca, atraerán la amistad y el respeto del indio a través de la entrega del cuchillo tan indispensable para la vida por aquella época, pero ello escapa al objeto de nuestro trabajo.

El tratado de Madrid de 1750 -como hemos visto- obligaba a entregar a los portugueses los siete pueblos Misioneros, les ordenaba a sus pobladores a que dejaran sus tierras, que eran también de sus antepasados y se retirasen, para ir a tierras nuevas y desconocidas y además que se las entregasen a sus tradicionales enemigos, los portugueses, se producirá entonces la resistencia.

En 1766 el Ministro de Carlos III ,Pedro Pablo Abarca de Bolea, Conde de Aranda, francmasón que independizó la Masonería española, creando la Gran Logia Madre, de la que fue su primer Gran Maestre, intenta modificar la viejas estructuras agrarias en España y las medidas del Ministro Leopoldo de Gregorio, Marqués de Esquilache que imponía el uso de la capa corta y el sombrero de tres picos pretendiendo prevenir el porte de armas y su intento de modernizar Madrid, mediante el empedrado de las calles generó malestar de los antiguos gremios.
El motín se desarrolló entre el 23 y 26 de marzo de 1766 por parte de la aristocracia, el alto clero y los gremios mayores de Madrid, que combinados y soliviantados por los Jesuitas, desembocó en el llamado motín de Esquilache nos dice Mario Dotta Ostria. (2)

«El Rey considerará a los Jesuitas desleales, algo más; traidores, por instigar rebeliones contra él; parte de los guaraníes los consideraban también desleales, algo más; también traidores, por haberlos vendidos a sus enemigos, los lusitanos» afirma Carlos Ferrés (3)

Los guaraníes no entienden como los españoles ahora junto con sus tradicionales enemigos luchan juntos contra ellos.

Se produce la animosidad contra los Jesuitas del Rey Carlos III y en Montevideo del Gobernador Joaquín de Viana, con el que incluso se suscitaron algunos incidentes.

El Rey Carlos III firma el 27 de Febrero de 1767 la orden de que; «Se extrañen de todos mis dominios de España e Indias, Islas Filipinas y demás adyacentes a los religiosos de la Compañía, así Sacerdotes como coadjutores o legos que hayan hecho su primera profesión y a los novicios que quieran seguirles; y que se ocupen todas las Temporalidades de la Compañía en mis dominios.»

El Conde de Aranda redactó el 1º de Marzo de 1767 instrucciones y Bucareli delegó en el Gobernador de Montevideo don Agustín de la Rosa las acciones correspondientes las cuales llevó a cabo el día 5 de Julio de 1767 a las ocho de la noche, ordenando que a las siete y media el Teniente Claudio Macé, del Regimiento de Mallorca, ocupara con su tropa los alrededores de la residencia y acompañado por Macé, el Sargento Mayor Antonio Gutiérrez, el Teniente Gobernador Juan Achucarro, el Teniente Tesorero Juan de Arroyo, el Alcalde de 2º Voto Pedro Cordovés, el Alguacil Bartolomé Mitre, el Procurador Joaquín de Vedia y la Quadra y don Melchor de Viana, llegaron a la residencia donde fueron recibidos por el Padre Juan Tomás Zuazogoitía y el Hermano Boulet, de la Rosa les leyó la resolución sobre extrañamiento de los Jesuitas y ocupación de sus bienes y concluída la lectura levantó el tono de voz para intimar al Padre Superior que dijese en su nombre y en el de la Comunidad si obedecía las disposiciones del Soberano.

«Si obedezco, por mi y en nombre de la Comunidad» contestó el Padre Plantich, agregando que quedaba muy resignado a cuanto Su Majestad determinase.
Además había otro Jesuita el Hermano Benito Rivadeneyra, administrador de la «Estancia La Calera», se dirigió allí el Teniente Agustín Figueroa y tomando preso a dicho Hermano lo trajo directamente al Convento de San Francisco.

Fue el Teniente Bernardo Cermeño quien realizó el inventario en la estancia de San Ignacio (Entre Pando y Solís).

Los Padres Jesuitas fueron embarcados para Buenos Aires.

(1) Pablo Blanco Acevedo «El Gobierno Colonial en el Uruguay y Los Orígenes de la Nacionalidad» pág.. 83.

(2) Mario Dotta Ostria en «Caudillos Doctores y Masones» Montevideo 2006, pág.13.

(3) Carlos Ferrés «Época Colonial La Compañía de Jesús en Montevideo» Colección de Clásicos Uruguayos Vol. 147.