abril 16, 2026
Master OPINION

Con la pandémica espada de Damocles sobre nuestras vidas, nos vamos acercando, a pasos agigantados, a cumplir el ritual festejo de fin de año y tapabocas en ristre, desearnos un mejor desempeño para el nuevo 2022. No estamos tan mal como pensábamos ni tan bien como pudiéramos estar. Pero vamos llegando, cansancio mediante, para festejar un cielo cubierto de bengalas y artificios de fuegos, como tarjeta portadora de los mejores deseos personales y familiares, en cuyo interior – la familia – nos refugiaremos para apartarnos del mundanal ruido y repensar conductas y respuestas existenciales.

Cada año que deja caer la hoja de Diciembre, nos plantea alternativas para el Enero que se inicia, para un año que abre en su primera página todas las esperanzas, todos los problemas y todas las soluciones, todos los éxitos y todos los fracasos, como si la vida recomenzara renovada, inmaculada, abierta a expectativas insospechadas.

En cambio, en filas partidario-políticas se aprovecha la oportunidad para seguir poniendo “palos” y si no, cotéjese esta película de huelgas, paros, trabajos a desgano, desaprovisionamientos diversos, en todos los flancos, como para expresar – libres de banderías – “que esta película ya la vimos”. Y con qué nefastas consecuencias convivimos después. Parece un caldo de cultivo sabiamente elaborado para quebrar esperanzas, frenar avances, dejar sin combustible a toda la población, impedir el ya demostrado crecimiento de importaciones y exportaciones, con una disposición clara de eliminar al Puerto de Montevideo de la competencia. Una competencia e importancia que en años anteriores dejaron pasar desaprensivamente, ignorando gestiones o acuerdos mal gestionados, por falta de saberes y conocimientos básicos de nuestros representantes de la época.

Y como si faltara algún condimento, importamos voces destempladas de la vecina orilla, que piden una revolución juvenil. Recuérdese que ya tuvimos una y cómo nos fue. Una voz con solo antecedentes disruptivos y sin ninguna enseñanza positiva. Una voz que clama desorden y se va con el pago de su tarea mercenaria en el bolsillo. Una voz que siembra desazón y alzamientos desconectados con la realidad de nuestro país. Otra vez, no, por favor. Mucha “sangre, sudor y lágrimas” al decir de Churchill, costaron a este pequeño país las experiencias erráticas de pseudo “iluminados”. Por favor, otra vez, no.

Que las diferencias políticas o ideológicas se discutan al más alto nivel, sin descalificaciones innecesarias, sin insultos, dentro de los carriles legales que mucho tiempo atrás, marcaron los inteligentes codificadores que supimos tener. Dentro de esos términos parecen perimidos los enfrentamientos “de clase”, siempre que inteligentemente sepamos oponer razones a la sinrazón, dejando para otras latitudes del pensamiento todo movimiento “de fuerza”, cruento o incruento, pero enfrentamiento al fin. Si somos capaces de unir las personalidades partidarias para el homenaje parlamentario al ex Presidente Vázquez con motivo del primer aniversario de su fallecimiento, sepamos provechar esta confluencia de voluntades para seguir trazando un derrotero lógico y firme para los años por venir.