LA SOBERANÍA COMO UNA MERCANCÍA MÁS (Segunda Parte)
Como las malas historias siempre se repiten con la instalación de la segunda planta de UPM se han comprometido grandes inversiones estatales como contrapartida a una nueva oportunidad de desarrollo para el país, desde el otorgamiento de terminales portuarias (como se había acordado con UPM 1 y Montes del Plata, donde se trabaja como zona franca), la exoneración tributaria que comenzó en las plantaciones y se extendió a las exportaciones, hasta el compromiso de compra de energía de biomasa o una tarifa especial para la nueva empresa de transporte de carga por el nuevo trazado ferroviario.
Todo este paquete nuevo de Toyota diría don francisco nos lleva a pensar a futuro en términos de las posibles consecuencias de los compromisos firmados y la afectación de nuestra soberanía de decisiones que es la principal forma de no tenerla.
En el mundo el consumo de papel es evidente que seguirá bajando y si bien se le han encontrado nuevos nichos para la celulosa (materia prima para la construcción, o la vestimenta en aleación con otros materiales) es muy probable que su costo se pueda ver afectado negativamente, entonces quien nos asegura que UPM 2 no tenga la tentación de producir energía de biomasa de acuerdo al buen contrato firmado con el estado uruguayo y así pasar de papelera a plataforma energética sin mediar posibilidad de renegociar la necesidad o no de su producción, como sucede con los molinos actualmente.
Por otro lado, otra decisión sin mayor explicación fue la firmada por Toma y Roballo como representantes del gobierno anterior dándole la tarifa más conveniente a la empresa finlandesa por motus propio y sin consulta alguna, una verdadera renuncia a nuestra posibilidad soberana de determinación de como cobrar la carga en favor de un cliente que por más que sea el más importante debería haberse optado por la más conveniente para el país.
Me extraña que el actual gobierno que ha hecho tanta alharaca por otros temas no diga nada de las dos razones que para mí serán el talón de Aquiles para comprometer nuestras arcas públicas en un acuerdo que ya nos salió caro en la infraestructura, expropiaciones, carreteras complementarias y renuncias fiscales.
El nuevo adalid de la lapicera ahora es el Ministro Bustillo, quien asume las decisiones más importantes para el país de hoy y del futuro, haciendo oídos sordos a quienes ponga en tela de juicio sus compromisos e inclusive en forma poco estridente.
Con su similar brasilero hace unos días firmó un acuerdo donde baja las exigencias del contenido de metales pesados en la yerba que se importa de Brasil e incluso cambia la forma de medición pasando de la hoja molida a determinar estos elementos en el lixiviado (líquido que lava la hoja y se recoge posteriormente, similar a como realizamos “al tomar mate una vez pero no en forma reiterada”).
No quisiera pensar que es para favorecer algún importador amigo como se hacía en los ‘60 del siglo pasado donde para importar se necesitaba la firma del presidente de la junta local, similar al actual alcalde, para poder asegurarse la exclusividad de la yerba mate.
Es sabido que la yerba paraguaya por ejemplo no tiene prácticamente metales pesados (plomo, cadmio mercurio, por mencionar los más importantes), e incluso gracias al cambio climático sea el momento de comenzar a producir en el Uruguay y depender menos de un producto importado de elevado valor para la mayoría de la población, pero que significa parte de nuestro acervo cultural.
Sin embargo lo más preocupante hoy por hoy es el acuerdo con China, que podría hipotecar nuestra soberanía productiva y comercial por mucho tiempo, o generaciones que tendrían muy poca chance de revertir una situación que sabemos que una vez instalada su afán imperialista es desmesurado.
Cuando uno acuerda con el gigante oriental tenemos que ser sinceros y saber que hoy es el gran ganador a nivel mundial desde la crisis de Estados Unidos hasta su mirada desapasionada de la guerra de Ucrania, donde al final tanto Rusia como la Unión Europea terminarán muy golpeados.
Lo primero que exige el tigre asiático es romper con Taiwán como ya nos exigió en su momento al entrar en democracia en el ‘85, y por lo tanto si Paraguay quisiera entra al tratado debería renunciar a su socio principal, lo que actualmente es algo poco probable en una economía que está bien posicionada.
Modestamente me parece que a nivel del MERCOSUR no le llevan ni ahí el tratado, pero podría Uruguay intentar acuerdos parciales sobre productos específicos que ya exporta para ahorrarse los 240 millones de dólares que se pagan por impuestos a las importaciones por China y no sufrir la inundación de productos baratos que ya son más que frecuentes en nuestro país.
Luego de fracasar el tratado de libre comercio con Estados Unidos se hicieron acuerdos para exportar carne con hueso y citrus sin problema, porque cuando los países grandes precisan un producto no tienen problema en acordar la renuncia de aranceles y capaz sin tener que aceptar condicionamientos especiales como sucedería en este caso.
En este momento, Uruguay tiene nuevos mercados acordados como Singapur y Turquía en proceso, por lo tanto la generación de productos exportables tienen mercados que hacen muy factible que nos lleven a no poder cumplir con la demanda, especialmente si China pasa a ser una opción más favorable.
“España, Inglaterra y también Portugal y ahora es a los yanquis que les toca actuar, llevamos más de dos siglos trabajando al sol no haciendo otra cosa que cambiar de patrón”, escribió Jorge Salerno, en 1970, pero ahora deberíamos incluirle a los chinos en la larga lista de nuestras vicisitudes por culpa de ellos y de los malos orientales o peores americanos, desde Artigas al presente.
En resumen creo que ya hemos perdido bastante soberanía para seguirlo haciendo, mientras en un mundo tan cambiante aquellos que hasta ayer nos ponían trabas como la Unión Europea, hoy están ávidos de acuerdos y tratando de recuperar su economía castigada por la guerra y encarecimiento e incluso escasez de energía barata para vivir o producir.
Lo que no podemos permitir,es que funcionarios de segunda estén determinando por si y para si acuerdos tan importante para el futuro de todos y todas los o las uruguayos, porque son personajes que los elijen los elegidos y no democráticamente mediante voto popular el pueblo.
Nadie votó a Heber o Bustillo o García (con cesión de los aeropuertos que firmó pero creo que no será tan mal negocio por eso no lo analicé) para Ministro, o a Toma para secretario en dos oportunidades con el Dr. Vázquez, sin embargo se atribuyen decisiones que si afectan a la población en general y no dudan de estampar su firma cuando deberían ser simples colaboradores de gestión.
