CUIDADO CON LA DIALÉCTICA DE LA CONFRONTACIÓN A VOCES O EN SILENCIO
No siempre las discrepancias se expresan en voz alta y respetando la visión de sus semejantes e incluso muchas veces mediante un silencio cómplice o de responsable intelectual, y podemos terminar en hechos, que enfrentan a los orientales entre sí en una escalada que puede ser difícil de revertir.
Por lo tanto aquellos representantes de la política nacional, periodistas o simples instrumentistas de opiniones en las redes que incentiven el odio o la discriminación deberían ser alertados que en nuestra sociedad no hay lugar para los intransigentes irracionales.
Son aquellos que pretenden ser los dueños de la verdad practicando el terrorismo verbal o solapadamente mediante intermediarios convencidos o simples mercenarios de la acción, para radicalizar el pensamiento junto a actos de vandalismo sobre los bienes estructurales o de servicio, incluso llegando a poner en riesgo la vida humana.
Las sociedades que no saben controlar sus disidencias terminan enfrentando a sus ciudadanos, familias, o incluso estados, ciudades, pueblos o barrios, siendo dificultoso luego lograr la paz o de solucionar los conflictos o en su defecto pueden terminar en un espiral de violencia incontrolable, que incluso puede hacer participar a terceros, y ahí aparece el Martín Fierro con la frase “cuando entre hermano peleamos nos devoran los de afuera”.
Desde que la humanidad vive en comunidad han existido diferentes causas y formas de enfrentamientos interno, desde lo económico, social o religioso, pasando por los deportes o diferencias originarias de los pueblos, con cierto epicentro en la era moderna, en aquellos que han optado por un régimen democrático de gobierno.
En las tiranías o en regímenes totalitarios desaparece el disenso por el predominio del autoritarismo, el cual frena cualquier intento de discrepancia o atisbo de protestas, e incluso a mínimo el mantenimiento de las libertades personales.
Cualquier intento de apartamiento de la rutina del acatamiento, es combatida con mayor violencia por parte del estado o poderes paralelos e inclusive con exceso de fuerza sobre cualquier núcleo de la población y por supuesto, con mayor intensidad cuando los reprimidos pertenecen a cierta ideología u orígenes étnicos o religiosos, aunque ha habido por inclinación sexual o propensión al consumo de sustancias sicoactivas.
Nuestro país no ha sido ajeno a las luchas intestinas y con una violencia inusitada previo al comienzo de nuestra nación, que fue observada por un inglés que clasificó la barbarie existente a través de un libro titulado “la tierra púrpura”, en alusión a la sangre derramada sobre el campo de batalla; o posteriormente mediante atentados por los grupos de Rosas y su socio local Oribe denominados mazorqueros, que atentaban sobre los patricios o ciudadanos que se apartaban de los designios de los generales que dominaban a ambas márgenes del Plata (existen crónicas que ubican a Oribe peleando para Rosas en el norte argentino que demuestran el vínculo federal entre ambos aunque posteriormente las medidas tomadas por sus gobiernos favorezcan a Buenos Aires como querían los unitarios).
En Uruguay las corrientes migratorias de comienzo del siglo XX trajeron personas con ideología anarquista, especialmente los españoles que adherían a la realización de atentados como forma de conquista del poder y/o de amedrentar a las fuerzas represivas, habiendo tenido importantes comportamientos de violencia, aunque una parte de estos se incorporaron al batllismo de Batlle y Ordoñez al principio, siendo los primeros en organizar a los trabajadores en sindicatos.
Las consecuencias de nuestras guerras civiles de mediados del siglo XIX tuvieron resurgimiento hasta iniciado el siglo XX (1904), y perduraron en la conciencia ciudadana por casi cien años, resurgiendo con mayor intensidad en las contiendas electorales.
El surgimiento del Frente Amplio de alguna manera bajo esta historia confrontativa, incluso les obligó a cerrar filas entre blancos y colorados al ver en peligro su hegemonía de tantos años, y lamentablemente actualmente con la existencia de dos coaliciones se vuelven a repetir la ruptura de los equilibrios de los tercios, para que predominen las verdades de las dos mitades; esperemos que sean solo escaramuzas verbales sin mayores repercusiones que permitan aislar algunas posturas disolventes existentes en ambas propuestas.
La dictadura de Terra de 1933 si bien tuvo un grado de represión importante al principio, fue dando paso a una salida mediante una democracia tutelada parecida a la de 1984, que paulatinamente fue reconstruyendo el tejido jurídico de la república atacada en sus cimientos, por el general con la complicidad del herrerismo.
En cambio, lo sucedido en 1973 merece un estudio particular porque la profundidad e intensidad represiva fue tremenda en cuanto el papel de la policía primero o las fuerzas conjuntas posteriormente, utilizando al estado como brazo ejecutor de la represión de aquellos uruguayos que se opusieran a los designios del dictador cívico militar de turno, no siendo importante el grado de compromiso previo, con actos de agitación política o militar con miras a la toma del poder ya sea por las armas o simplemente mediante el voto democráticos como sucedió posteriormente.
Todavía hoy – luego de más de medio siglo – seguimos desenterrando verdades que lamentablemente hacen aflorar sentimientos de rencor que pensábamos estaban curados.
Por más que la mayoría de los gobernantes y agentes sociales siempre han tratado de dar vuelta la página, hay hojas de nuestra historia que han quedado pegadas por la sangre derramada por compatriotas, que enfrentados en algunos casos o simplemente asesinados en condiciones de tortura o ejecutados, dejando un saldo muy triste pero que en algunos casos han recibido su entierro correspondiente y aquellos que han desaparecido no siendo ni siquiera velado o llorado por sus familiares, todo un cuadro inconcluso de dolor no reparado.
Desde siempre ha habido formas de enfrentamientos en la sociedad que hemos sabido resolver con diferencias tan profundas que más que grietas dejaron huellas difíciles de cicatrizar.
En general el nunca más es más que una frase, es un sentimiento arraigado en la mayoría de la población y solamente algunos trasnochados muestran comportamientos apartados de la convivencia racional.
Creo que aquí está el quid de la cuestión, las actitudes irracionales de algunos agentes sociales que pueden llegar a liderar grupos humanos o pertenecer a agrupamientos donde se amparan para sostener sus manifestaciones homofóbicas o bajo cualquier tipo de agresividad que deberían ser censurada mediante el aislamiento grupal de quienes estén en su mismo círculo, para evitar que esas personas se sientan triunfadores mediante sus manifestaciones y/o acciones confrontativas.
No tiene sentido que los gremios de la enseñanza no traten de controlar a personas o individuos que realizan actos reñidos con la convivencia y que les involucran, en otros tiempos existían personas dentro de los agrupamientos que velaban para que no se generan desmanes que abortaran los objetivos pacíficos de protestas; e inclusive habían infiltrados de las fuerzas policíacas que fomentaban dichos desordenes, demostrando lo poco afortunado de tales actos.
El Partido Nacional debería regular mediante la confirmación la veracidad de las afirmaciones de la senadora Bianchi porque con su terrorismo verbal y sin reparar en sus errores le hace muy mal a la democracia, difundiendo falsedades por las redes y luego sosteniéndolas ante los periodistas.
Como no quiero el mismo bajo nivel de nuestros vecinos que le han llevado a hechos extremos como los vividos recientemente deseo que nuestros legisladores que si bien son de pobre formación muchos de ellos, traten de no crear falsos mensajes como sucedió de ambas partes con la LUC, donde cada uno la interpretaba como se le cantaba. Parecían falsos predicadores de la Biblia, en lugar de mensajeros de la verdad con su responsabilidad de formadores de opinión, que permita ejercer la democracia indirecta a través de ellos.
No quisiera terminar sin incluir en este modesto análisis a los responsables de los medios de comunicación que se han trasformado en el acicate mediante verdades a media y la generación de un odio visceral hacia aquellos que quieren denostar.
Siempre hay mercenarios de la letra y/o la palabra, pero detrás de su espalda hay actores silenciosos que juegan su rol desestabilizador para favorecer sus intereses, sobre todo económicos.
Por ejemplo en Argentina el grupo Clarín no solo es un multi-medio, es además un poderoso grupo empresarial con redes en el papel o en el agro argentino (estuve en una estancia en Corrientes de miles de hectáreas propiedad de este grupo), por lo tanto sus empleados responden a sus intereses mediante el ataque a quienes les perjudican con sus decisiones.
En casi todos los programas que atacan a Cristina Kirchner, para su regocijo porque ella ha propiciado el enfrentamiento, se repite su nombre en forma casi de aburrimiento habiendo cuentas de su reiteración decenas de veces para crear rechazo hacia su figura (Leuco le ganó a Magul por casi diez veces), todo lo cual crea animosidad que puede llegar a la paranoia desembocando en actos como el sucedido si el mensaje lo recibe un ser desequilibrado o irracional.
No piensen que en nuestro país no hay brotes de mensajes parecidos especialmente para el fútbol, con mensajeros como Gorzi que una vez y otra sale a defender a Tenfield o los permisarios del transporte que ya tienen su propio programa para seguir disfrutando de los subsidios a los que todos contribuimos.
Creo que los propios colectivos deberían auto protegerse de aquellos componentes que ponen en riego los principales cometidos de su organización, mientras que el estado debería crear un marco jurídico que sin atentar contra la libertad de expresión permita poner límites a los diatribas de los mensajes incendiarios o proponentes de un terrorismo verbal muy conocido en los temas medio ambientales, pero que se está trasladando a la política y/o deportes.
Basta de falsos profetas que solo agudizan los desencuentros, ‘precisamos líderes que nos acerquen para lograr juntos los grandes objetivos nacionales, el mundo está lleno de vendedores de humo como para legitimarles pagándole un sueldo del erario público sin pedirle responsabilidad de sus actos, especialmente como formadores de opinión.
Espero que para la próxima elección seamos más exigente al elegir nuestros representantes porque la plantilla actual salvo pocas excepciones deja mucho que desear, recurriendo al insulto o la chicana verbal como forma de sobresalir o usando las redes como mecanismo irresponsable de mensajería, sin ningún chequeo previo; lamentable pero cierto.
