CULPAS PERSONALES.
RESPONSABILIDADES COLECTIVAS
Ningún grupo humano está inmunizado contra la posibilidad que alguno o algunos de sus integrantes cometa delitos. Es obvio que cuánto más numeroso sea, esa probabilidad aumenta. Vale para todo tipo de organización. Ninguna está libre. Los ejemplos abundan y no creo que sea necesario entrar en la enumeración de casos que por otra parte son de dominio público.
Dado que se trata de algo que nos importa, o debería importarnos a todos, haré referencia a este tema respecto a la política.
Ningún partido o sector está vacunado contra la corrupción. Lamento discrepar con el señor Sendic, por aquella frase suya muy aplaudida por los que se auto consideraban del lado de los buenos: “Si es de izquierda no es corrupto; si es corrupto no es de izquierda”. No incurriré en el camino fácil de citar casos para demostrar lo lejos que estuvo de la realidad. Por otra parte semejante enumeración sería bastante extensa tanto por ejemplos en el exterior como por los de aquí. Además de la total falta de realismo y de autocrítica que refleja, particularmente me cae pesado que se trate de separar buenos y malos en función de su orientación ideológica. Salvo para los que piensan poco o para quienes cierran su cerebro para no dejar entrar ninguna idea que contradiga lo que entienden es verdad revelada, para la gran mayoría esa separación es una grosera caricatura.
Ahora bien, cabe decir exactamente lo mismo y con idéntica convicción para los sectores políticos que están en la otra vereda. Tampoco faltan ejemplos y tampoco están en ésta todos los buenos. Quien crea lo contrario incurre en similar y rechazable autocomplacencia.
Honrados y corruptos hay en la izquierda, en la derecha y en el medio. El día que todos aceptemos esta realidad que rompe los ojos, habremos dado un gran paso para achicar esa brecha que ningún bien nos hace. Discrepar, confrontar ideas, es buena cosa, pero ser severo con los adversarios y encubridor de los propios ya entra en el terreno ético.
No se puede culpar a ningún partido político por los errores, horrores o delitos cometidos por alguien que pertenece a esa colectividad, tanto en su función pública como en su vida privada.
Son desviaciones personales y el único culpable es quien las perpetra.
Donde sí entra a jugar la responsabilidad del partido es en el momento de juzgar esa conducta. Si trata de barrer debajo de la alfombre, si su actitud es la de dilatar pronunciamientos hasta que la cosa pierda vigencia, apostando a que la gente se olvide o si en lugar de investigar pasa de acusado a acusador y atribuye todo a maniobras de sus adversarios políticos, en ese caso tal agrupación está en falta, en primer término ante los suyos.
El primer interesado en tratar de aclarar los hechos debiera ser el partido al que pertenece el presunto corrupto. Si se comprueba que efectivamente actuó fuera de la ley, no debe demorar en tomar las medidas que corresponda. Amparar y proteger a compañeros políticos que no merecen la confianza que debe exigirse a todo servidor público, es hacerse cómplice y ahí si opera la responsabilidad colectiva del sector. Como había expresado líneas arriba, un partido no es culpable si alguno de los suyos no actuó conforme a la ley, pero sí pasa a serlo si no cumple con el deber ético de actuar con celeridad y severidad.
