¿QUÉ PASÓ? SI ES QUE PASÓ ALGO.-
Absolutamente nada nuevo bajo el Sol. Bien se le podría llamar «la crónica de un debate anunciado». Habría sido mejor para la ciudadanía que se hubiese adoptado la idea de Álvaro Delgado y su comando de campaña, sobre hacer un debate más activo, con interrupciones, con la posibilidad de que los dos subieran el tono de voz, sin que dejara de ser caballeresco. No vimos nada de eso. Me vienen a la memoria debates de otros tiempos. El principal de ellos, el debate por antonomasia, fue el que se llevó a cabo entre los doctores Enrique Tarigo y Eduardo Pons Etcheverry que se oponían a los representantes del proceso, Néstor Bolentini y Enrique Viana Reyes, con una clarísima e inobjetable victoria de los primeros. Ese debate, marcó claramente el camino hacia la Democracia y ambientó la gran victoria del No, ante la propuesta constitucional de los militares. Más adelante, ya camino a las Elecciones de 1984, se enfrentaron Eduardo Paz Aguirre y Guillermo García Costa; el primero colorado y el segundo nacionalista. Duros ambos, pero leales y seguros en sus argumentaciones. Un poco más acá en el tiempo fue electrizante el encuentro entre Julio María Sanguinetti y Tabaré Vázquez, devenido éste último en el candidato presidencial de la izquierda. Luego del mismo, hubo un vuelco importante del cuerpo electoral hacia Sanguinetti que terminó siendo Presidente por segunda vez. Todo esto ya es historia y el debate Delgado – Orsi lo es también. El candidato de la Coalición Republicana apareció con aplomo, moderación apegándose a los logros que nadie le puede discutir con seriedad a este gobierno. De pronto debió insistir más sobre los mismos ya que tuvo mucho que ver en todos ellos. Orsi, por su parte, se presentó, libretado, guionado, con horas y horas frente al espejo y buscando dar la sensación de seguridad; una seguridad que hasta el momento no ha mostrado. Recitó la lección. Nada más. Al preguntarnos cuál fue el resultado de este mano a mano y qué consecuencias tuvo en los votantes sentimos que ninguna. De la forma en la que ambos se plantaron no daba para producir trasiegos de votos hacia ningún lado. Si el debate no se hubiera realizado o hubiese sido suspendido, los uruguayos no habrían cambiado mayormente de parecer. Y otra cosa. No están en juego dos modelos de país y gane quien gane, no se estima que pueda haber demasiados cambios en lo que viene siendo la marcha del Uruguay. La política de nuestros días no está ofreciendo grandes innovaciones, dicho ésto con la salvedad de que Álvaro Delgado puede y debe seguir adelante con el proceso de modificaciones iniciado en este período. Pero, en caso de apurar el tranco, podríamos decir que si gana Delgado, buscará cuidar el sillón de Lacalle Pou y si gana Orsi, va a hacer lo que ordene el Pit. Hay mucho por hacer, pero cuesta llevar las manos a la obra. De pronto el ganador, sea quien sea, nos da una sorpresa, aunque es muy difícil pensar que así pueda suceder.
