COLONO TAMBERO NO SE HACE SE NACE (I)
Esta frase me pertenece en letra y música, y expresa que existe una gran diferencia entre quien se cría en el campo ordeñando vacas, con quienes pretenden ser productores injertados en el medio rural.
La lechería es una tarea muy particular que implica una predisposición mental y anímica que le permite trabajar los 365 días del año, bajo diferentes condiciones climáticas, lidiando con material biológico que exige cuidados especiales, haciendo de esta producción una prolongación de costumbres, que solamente quienes estén enamorados de su elección de vida pueden soportar con felicidad.
En mi caso en particular he recorrido los eslabones de la cadena láctea desde niño, pudiendo escribir con conocimiento de causa ya que he sido un pequeño criado hasta los 8 años en un tambo, luego repartidor de leche de los 11 hasta los 24 años, posteriormente realicé investigaciones para mejorar la productividad en los predios, y estudié con el hijo de un presidente de Conaprole, compartiendo muchas charlas con él.
Con este compañero no nos presentamos a un concurso de extensionista para la principal cooperativa del Uruguay por la vinculación personal , lo cual denota pruritos hoy evidentemente abandonados por las autoridades políticas y/o profesionales, sin dejar de reconocer que siempre han habidos hijos o entenados, contentos o amargados ,como un cambalache de la realidad ética o moral,e incluso en años recientes he participado en experimentos de reciclaje de los residuos industriales de la cadena (proyecto bio-valor del Ministerio de Industria e industrias lácteas).
Actualmente la producción láctea ocupa más de un millón de hectárea teniendo que competir por tierras con otras producciones, especialmente la agricultura y en algo con la forestación, a sabiendas que los retornos de este rubro son escasos respecto a los granos y otros más intensivos con mayor demanda de trabajo que los árboles o el tambo.
El negocio implica un constante flujo de dinero para producir o para asegurar el remito de la producción, haciendo que cualquier desfasaje desde el punto de vista de los insumos o pago por litro de leche pueda afectar la rentabilidad, haciendo necesario el endeudamiento y/o acudir a un fondo lechero de muy valiosa creación.
Durante los años de explotación se va generando una acumulación de capital sobre todo en vientres de vacas o la generación de terneros para engorde y/o venta al exterior del predio, siendo en ambos casos un plus que se va acumulando y puede al final de un ciclo de varios años redundar en una entrada extra de dinero en el negocio a largo plazo, por eso tener espalda es clave para soportar momentos menos favorables.
Nadie puede comenzar una explotación lechera desde el llano sin realizar inversiones no solo en la tierra, aunque gran parte de los tambos se han desarrollado mediante arrendamientos, lo que puede generar un menor estímulo en la mejora de la oferta forrajera o en la renovación de la infraestructura.
Sin embargo, las tierras de colonización, aunque sean arrendadas permite a sus colonos realizar una explotación bajo menor presión ya que el arrendamiento está subsidiado, así como más permisiva en cuanto a los plazos de pago e inclusive la existencia de asesoramiento técnico cuando se desarrolla en forma de colonias.
La necesidad de liberar áreas dentro del predio para mejorar la oferta alimentaria en el rodeo productivo, desde siempre llevó al productor a tener la necesidad de áreas complementarias para las categorías de reposición (terneras o vacas secas). Recuerdo en 1958 antes de instalarnos en Pando que mi padre estuvo apunto de comprar o arrendar un campo en San Ramón con tambo y no llegó a un acuerdo, porque no le arrendaba una fracción fuera del lugar de ordeñe.
Posteriormente como forma de levantar la restricción de área se comenzaron con los campos de recría que permitió a varios tamberos a usufructuar un predio en común para sus categorías jóvenes y así liberar potreros de su predio, e incluso hace pocos años se comenzó con la plantación de granos o pasturas, para alimentar el rodeo desde predios comunes cercanos.
En este cambio de la producción lechera ha habido una participación importante por parte de colonización, sin lo cual la existencia de estas modalidades complementarias hubiera sido difícil de instrumentar, siempre el instituto ha sido un refugio de los pequeños productores permitiendo su arraigo y permanencia generacional inclusive.
La ley de colonización de 1948 fue realmente la plataforma inigualable para realizar una pequeña reforma agraria sin demasiada incidencia sobre los predios en manos de particulares, y si bien sus cometidos o misión es excelente, en un primer momento el desarrollo no tuvo correspondencia con la adjudicación de recursos para la compra de tierras.
De cualquier manera, el Instituto ha logrado una elevada cartera de inmuebles rurales y sin lugar a dudas las fracciones adjudicadas a la lechería han tenido un éxito relativo aceptable, aunque ha habido periodos muy críticos donde se produjo reagrupamiento de predios en concentración de pocas manos o incluso problemas de subsistencia de la familia colona.
Recuerdo en 1974 un compañero se hizo cargo de la colonia lechera 33 orientales de Florida y su principal actitud fue tratar de lograr insumos para alimentar mejor a las familias, porque el negocio lechero no daba márgenes para una correcta subsistencia.
Continua la próxima semana…
