julio 24, 2026
Master Escribe Cardozo

Contundente, como pocas veces hemos visto a cualquiera de los integrantes de la actual administración. Cuando el Presidente de Anep, se refirió al ausentismo escolar, tras echarle la culpa a la pandemia dijo: «Hay países que lograron mejorar; Uruguay no». La gran pregunta es si ante este diagnóstico, se está dispuesto a hacer lo hace falta para revertir este tema o, al menos, para conseguir cifras más auspiciosas. El panorama raya en la desolación. Los niños de las escuelas públicas van cada vez menos a clase y los entendidos hablan de «ausentismo crónico». No quieren ir, no les interesa y no cuentan con la firmeza de sus mayores para que se lo exijan. Los chicos de contexto crítico son los que más faltan. Se podría decir que el sistema de enseñanza no les ofrece opciones atractivas y por eso les da lo mismo quedarse en el hogar que estar en el aula. Hay padres que no entienden esa responsabilidad porque, de pronto, ellos también llegaron a sentirse excluidos. Hay que expresarlo claramente: una buena parte de los hogares uruguayos se ven destruidos y las necesidades primarias están por encima de cualquier otra. Entonces, si se puede poner algo sobre la mesa, ¡qué importa que los chicos vayan o no a la escuela! Los hábitos de las familias se han flexibilizado. El punto es que esta pérdida de clases conlleva indefectiblemente a la escasez de oportunidades en un mercado laboral demasiado agresivo. Habría que preguntarse qué vamos a hacer con esa masa de gente desocupada que no califica para ningún puesto de trabajo. Ya sabemos que muchos de ellos terminan transitando la senda del delito, con el costo social que ya sabemos. Y todo empeora cuando desde el gobierno se baraja la posibilidad de suprimir la obligatoriedad escolar, lo que sería ir contra la Constitución de la República que la exige sin ambages. Este país le debe mucho a su educación y a sus educadores y no debería debatirse sobre la existencia de esa obligación ya que la preocupación debería estar centrada en cómo mejorarla para que diera sus mejores frutos.