EL FIN DEL CICLO TABÁREZ
Es posible que a algunos lectores les sorprenda que hoy encare este punto. Normalmente dedico la columna a temas vinculados con la realidad social, política, económica del país. Salir en esta oportunidad de ellos puede provocar sorpresa en algunos lectores que quizá esperaban otro tipo de contenido. Corro ese riesgo. Me motiva el hecho que el cese de Tabárez es algo que está en el comentario aún de personas poco futboleras, y que ha tenido indudablemente profunda repercusión nacional e internacional.
He oído una frase que comparto: dentro de las cosas menos importantes, el fútbol es la más importante. Tomado como lo que es, un juego, no nos cambia la vida, pero es sin duda un fenómeno social que mueve multitudes. El alto grado de profesionalización que ha alcanzado en los últimos años hace que en su entorno se manejen enormes cantidades de dinero. Las principales empresas del mundo compiten por ubicar su publicidad en los estadios, en las camisetas de los futbolistas, en las trasmisiones televisivas. Los ingresos de los jugadores estrellas y de otros que no llegan a esa categoría pero juegan en las principales ligas, alcanzan niveles que bien pueden calificarse como obscenos.
En medio de esa fiesta para ricos, nuestro modesto fútbol, por amor propio, tenacidad, técnica y adhesión de sus futbolistas se midió con dignidad y de igual a igual con los más poderosos. Uruguay tiene una impresionante historia futbolística que arranca en los albores del siglo pasado, aún antes de las gestas de Colombes y de Amsterdam. A lo largo del tiempo no todas fueron glorias pero en relación con su demografía es el país que puede ostentar con orgullo la calidad de ser el más hazañoso. Siempre fue y sigue siendo uno de los más eficaces embajadores del país. Ciertamente en el mundo muchos conocen la existencia de este pequeño país gracias al fútbol.
Hace 15 años asumió la conducción de la selección nacional mayor y la supervisión de todas las juveniles, el maestro Oscar Washington Tabárez. Ya venía con años de actuación como técnico prestigioso de varios de los más importantes equipos, en Uruguay, Argentina, Italia, y con un pasaje por la selección en el mundial de Italia. De inmediato se abocó a la organización de todo lo concerniente a las selecciones. Trabajó con intensidad e inteligencia. Logró imponer orden, disciplina y adhesión. No le faltó talento, ni dedicación, ni valores. Exigió a los dirigentes todos los elementos imprescindibles para preparar a las selecciones. En pocas palabras, ordenó la casa. Se ganó el respaldo de la gran mayoría de la afición local y la consideración del ambiente futbolístico del exterior. Prestigió e hizo respetar la selección.
Pero el tiempo pasa, y pasa para todos. También para Tabárez. Las últimas participaciones en las eliminatorias negativas en resultados y en rendimientos, fueron síntomas de un desgaste que se traducía en poca reacción ante la adversidad. No
incursiono en detalle técnicos porque no es éste el lugar, ni estoy capacitado para hacerlo. Sólo digo que una cosa es contar con nuestros mejores futbolistas en su plenitud física y otra cuando cursan los últimos años como jugadores de elite. Y no tenemos demasiados que lleguen a ese nivel. Lo cierto es que la dirigencia de la AUF decidió su cese y fue noticia para el mundo del fútbol. Lo que queda de aquí en más será otro cantar. Tal vez no haya sido el retiro que aguardaba el maestro. Supongo que pasarán por su mente las imágenes de tantos partidos memorables, de sus luchas, de sus dudas, de sus aciertos, de sus errores. 15 años no es poco tiempo y tendrá incontables recuerdos. También es verdad, y él sabía perfectamente que quien trabaja como técnico, su cargo depende fundamentalmente de los resultados, y los últimos no lo ayudaron.
