Víctor Hernández y otros asuntos
En el asunto protagonizado por el ya ex senador Charles Carrera, él no debería ser la figura principal y relevante ya que dicho rol le corresponde a Víctor Hernández cuya vida cambió tras recibir un balazo disparado por un subordinado de Carrera. Los hechos en sí, revisten una irresponsabilidad tremenda y es precisamente en esto por donde hay que empezar. Durante un festejo, en 2012, en una finca propiedad de un funcionario policial en el balneario La Paloma, alguien, a quien se podría considerar un reverendo inconsciente, accionó un arma de fuego impactando en Hernández y dejándolo paralítico. Hernández estaba en su casa y no tenía nada que ver con la policía ni con el festejo. Cuando quiso acordar estaba en el suelo con una bala adentro. Quizá el alcohol o alguna sustancia prohibida estaba presente en la farra. No lo sabemos, pero podría haber sido así. La actitud de Carrera en esos momentos ofrece dudas. Su primera reacción conocida fue la de ayudar al herido y eso, en las circunstancias que sea, está bien. El punto es la forma en que lo hace. Lo conduce al Hospital Policial y ordena que allí se le atienda, al tiempo que le brinda, durante casi cinco años, tickets de alimentación cuyo valor le corresponde en forma exclusiva a la policía. El nosocomio en cuestión no se iba a fundir por eso, pero la ayuda se brindó con demasiadas irregularidades. Entonces, ¿la actitud de Carrera, al ayudar al herido, es de real empatía con éste o pretendió tapar todo con una cortina de humo? No queda nada en claro. Por otra parte, él, Carrera, estaba allí cuando se detonó el balazo y seguramente sabe quién lo disparó. Ahí está el quid del asunto y el mismo está más allá de los gastos del Policial. Este tipo de noticias, salen enseguida a la luz y la tragedia de La Paloma demoró en ser conocida, lo cual aparece como un indicio de encubrimiento. Lo lógico habría sido que de inmediato se revelara la identidad del policía que disparó el arma y eso Carrera, por la jerarquía de su cargo, debió denunciarlo enseguida. Loable fue su renuncia al Senado, así como también el pedido, o de pronto la orden, de Mujica y Topolansky de que no integrara las listas de su sector para los próximos comicios. Confiamos en nuestra Justicia. La campaña electoral sigue con una oquedad alarmante. La falta de propuestas concretas, nos lleva a pensar que estamos inmersos en un nihilismo sin retorno. Todavía hay muchos que no tienen la más remota idea de lo que van a hacer el 27. La apatía de la gente es brutal. En otros tiempos, faltando pocos días como faltan hoy para emitir el voto, la propaganda nos saturaba y las calles y casas estaban casi por completo embanderadas. Se ven distintivos en las columnas, pero ni cerca de lo que era en otros tiempos. Tampoco abundan los grandes actos en los cuales los candidatos comprueban su capacidad de convocatoria. Y si a esto le agregamos que un alto porcentaje de ciudadanos se informa por medio de las redes sociales en lugar de hacerlo a través de la prensa tradicional, no es demasiado lo que se puede esperar. Ni hablar de hacer vaticinios; no tendría sentido. Sobre el plebiscito de la Seguridad Social hay una tenebrosa falta de información y el voto o rechazo al mismo está dependiendo de las simpaatías partidarias, mucho más que de un razonamiento a conciencia que sería lo más saludable. Los grandes actores en escena, es poco lo que dicen. Se limitan a arengar, «hay que votarlo» o «no hay que votarlo». Sin embargo no se toman el trabajo de explicarle a la gente el por qué de hacer una cosa o la otra. Así es con todo. Y con todos.
