diciembre 6, 2025
Master Escribe Cardozo

No resulta difícil estar de acuerdo con las líneas trazadas por el Presidente Yamandú Orsi para este período de gobierno. En sus  primeros pasos, ha tenido en cuenta elementos esenciales que son obvios en cualquier nación que, ya bien entrado el siglo XXI, pretende ser tal. Suponemos que todo cuanto se plantea, parte de él mismo o, al menos, tiene su aquiescencia. En ese esquema, resulta fundamental el logro de consensos, cuestión ésta que, con toda lógica le preocupa ya que si bien cuenta con mayoría en la Cámara de Senadores, recordemos que no es así en Diputados. Entonces, si nos referimos a la búsqueda del crecimiento económico, a todo cuanto significa la seguridad pública, la cual se ha agravado en los últimos tiempos, a la protección social, con todo lo que la misma significa en el cuidado integral del ser humano, al desarrollo de la vivienda en tanto derecho natural de las personas, a evitar la deserción estudiantil, al desarrollo de la tecnología y a la siempre querida inversión, nadie con un mínimo de sensatez puede decir que esté mal. Todo lo contrario; está muy bien. El gran tema es el «cómo», o sea, de qué manera se consigue la realización efectiva de esos objetivos. Suponemos que Orsi está detrás de los mismos ya que son sus propios planes. No se podría comprender de otra forma. También se entiende que todos los parlamentarios y demás ciudadanos públicos, independientemente de su ideología, deberían compartir esa visión. Pero aquí es necesario recordar algo que viene siendo constatado desde hace un largo tiempo. La política, como disciplina, como práctica que busca entender el entramado social, ora por medio de acuerdos, ora individualmente, ha caído en un alarmante desprestigio. Los desvíos han sido demasiado evidentes, no pueden ser pasados por alto y las excusas que de muchos de ellos se han dado, se asemejan a tomadas de pelo. Es así que se ven. Por ahí algún referente, al leer este texto, pone el grito en el cielo y dice que no es así. Sin embargo, la gente común lo siente de esa forma y, como no puede ser de otra manera, duda mucho de lo que los hombres públicos le dicen. Si el Sr. Presidente Orsi, o sus voceros, le expresan a la gente que van a hacer todo eso, en un primer momento reciben la atención y hasta el aplauso. Pero las grandes mayorías, más allá del voto que puedan haber emitido, abrigan dudas sobre si habrá resultados tangibles. Hay demasiados ciudadanos afincados en la idea de que «los políticos son todos iguales» y ni éstos últimos logran brindar una señal de que no es así. La gente entiende que la política es algo que pasa en otras esferas ajenas a su vida y llevada adelante por individuos que están lejos de ella. Está claro que un político, del partido que sea, no puede estar casa por casa aportando soluciones a temas individuales; casi nadie discute con seriedad algo así. Pero en las expresiones del hombre sencillo, de a pie o de la calle, como se le quiera llamar, se nota la falta de confianza en el sistema. He ahí una de las razones por las cuales la militancia y la participación ha descendido tanto en todos los partidos desde hace varias elecciones atrás. Preocupa que ningún referente ensaye siquiera una respuesta que, al menos, pueda provocar una duda. Las intenciones del mandatario, aunque buenas, se ven lejanas y parece que la gente estuviera viendo una película en idioma extranjero, subtitulada. Lo dijimos al inicio de esta gestión y lo reiteramos ahora: deseamos que a este gobierno le vaya bien en el más amplio sentido, lo cual significa que todas esas ilusiones que hoy están en el papel, sean algo común y corriente en la vida de los uruguayos. Orsi tiene la posibilidad de dejar una impronta que muchos no esperan y la misma tendrá que ver con lo que logre y con lo que haga hacer. Que todo cuanto se ha dicho se concrete. Y que se haga mucho más también.